Me libré de los ruidos, las alarmas.
Me libré de lo puntual,de lo cordial.
Me libré de la llamada que no deja de alertar.
Me libré de todo aquello que ya no deja soñar.
Me amigué con los impulsos.
Me amigué con los sonidos.
Me amigué con los cuerpos.
Me amigué con los cielos.
Nada perturba ya, los acosos, los excesos,
los porque y los “venga, yo no sé”.
Hay cosas que se aprenden,
Hay cosas que se aprenden,
nos resultan fáciles, quizás difíciles.
Otras se escuchan a la orilla de algún puente.