Y a mí me dicen farsante...

Todos son artistas de si mismos
pero tan hipócritas que lo ignoran
o dicen desconocer.
Cobardes, mal nacidos, sinvergüenzas de los peores.
Y se ríen, se festejan y celebran.
Dan asco, me dan asco, repugnancia.
Y si no fuera una poesía insultaría bravamente
pero hay que ser coqueto.
Ellos viven en si mismos,
en su lava pero la guapeza nunca la dejan
y gritan, se dicen expresar,
sueñan (más bien son pesadillas)
cambian las formas, juegan.
Se encuentran a la vuelta del encuentro
y yo me pregunto por qué no se matan todos de una vez.
Mejor que se mueran,
matarse, inmolarse,
volarse la tiesta
es un acto tan valioso que jamás serían capaz de cometer.
Pero amagan y juegan a deprimirse, llorar, angustiarse.
Y el dolor qué es,
una fantasía que intercambian con calzadores de aviones.
Y son tibios, porque ni fría ya es su mente.
Así logran el descuento de la vida
con todo lo que ella trae.
Amor, traición, fe, esperanza,
nada lo conocen y todo lo recetan.
Desde la esquina de la madures
se ríen las pestañas de sus ojos inventados.
Solo ven, nunca miran, no saben de que trata
pero ellos creen que son lo que quieren ser,
que serán lo que nunca nadie pudo ser.
Son solo mierda que no pienso comer.