Tambalea

Perdón por la decadencia de mi voz,
perdón por el mal pulso de mis letres,
por todas aquellas mujeres que amo y no pretendo,
por Aida en el tapial,
por la vergüenza de prestado.
Y si aún tengo una frontera que me separa del dolor
es porque pido tan solo perdón.
Por los juegos de la reina,
por Caín (el Bufón)
por lo coqueto de tus señas,
por esta sed de dolor.
Aún podemos jugar a tener las manos frías
y el pulso desvirtuado.
A una sonrisa que se hecha a un lado
cuando hay misterio en el perdón.
Solo pido perdón por esa decadencia que perdura,
por el elemento en la materia,
por los almanaques del lamento.
Por las noches en la carretera
buscando la salida a la humareda.
Por develar lo oculto entre mis venas
pido perdón,
por intentar empeorar lo inmejorable.
Por ese nombre tan ocurrente,
por qué no,
por la noche con la mala,
por el día con la vida.
Por el banquete del arte,
por la poesía necesaria,
por la máscara del chaval envejecido que soy.
Y si es por existir,
pido perdón por existir sin un sentido,
por encontrarte malherida y no curarte,
por odiarte antes de amarte.
Y ahora que ya he pedido perdón
lo pido nuevamente hoy,
por la lluvia que no cede,
por la bruma de mi tierra,
por la cuenca cuesta arriba.
Pero sobre todas las cosas
pido perdón por nacer medio siglo tarde,
por no manchar de pólvora las manos,
por ser solo un soldado de reserva.
Por liberarme de esta tristeza
o renovarla por una aún más grande,
por los santos y el pecado,
por los escritos que me enferman.
Por una noche con el cuerpo en el paisaje congelado,
por esos labios que me mienten.
Pido perdón por las copas que revientan en mi boca,
por lo que bebo en tiempos de guerra.
veri isi fasi isi.