Historia de un viaje innecesario

la estación descansa en silencio, abundan las flores, las flores que recuerdan los muertos.
a los muertos, a los escombros que ya no existen, a la muerte que ya no existe.
llega un tren, se detiene, luego se irá hacia otras ciudades.
quedan aún tres horas para que un autobús se marche a la ciudad del norte,
sigo sintiéndome fatal, las doce horas de avión acusan mi estado.
no conozco a la gente que me acompaña y la estación de trenes de Atocha quedó atrás,
las flores, los escombros y los aviones lo mismo.
recién me sentiré mejor al llegar a la ciudad del norte.
treinta horas después de despachar el equipaje logro sentarme en un taburete,
pedir una caña, fumar un cigarro y tranquilizarme.
en un par de semanas el temor volverá a reinar, no tengo nada en el cuerpo,
Milio me pregunta por mi padre.
terminamos las bebidas y partimos para la ronda sur de la ciudad,
resta la cena, mañana subiré al pueblo.
caminando respiro tranquilo,
en casa todos los que quedan dicen estar bien.