Eximido

Me entregué a su voluntad, rendido, sin poder volver.
De mi cuerpo, un esqueleto de vergüenza.
Mis huesos, pura esquirlas de una guerra.
Mi sonrisa, una triste mueca de melancolía.

El amor como sentimiento inmejorable.
La soledad de mí, exiliado,
atado a las mañas, condenado a la nada.

El amor bordado en lentejuelas,
al igual que aquel traje pequeño de Torero.
El tuyo una malaria, una mala gripe
que caló duro en mi ventana.
Se fue, se irá, quién sabe si volverá.