El sueño de Xuanico

Hubo un niño que quería ser Labrador,
tan sencillo y feliz,
tan mágico y hermoso,
tan soñado y anhelado.

Y por qué he de ser otra cosa más que aquello.
Hay sueños que son deseos silenciosos,
se atesoran para evitar que se rompan como un cristal.

Por qué la suerte es tan esquiva,
no quería correr y si fuera necesario ni comer,
solo subir, caminar, contemplar,
trabajar, sudar, esmerarse
para ser solo un Labrador como pocos, como tantos.

Pero si uno sueña y es en vano,
si uno espera y no hay regalo
y lo señalan y le alientan,
felicitan por la suerte y el porvenir que le espera.

Fue joven y aún así quería ser Labrador,
tan postergado y renovado,
tan silenciado y resucitado,
tan coherente y vigente.
Y el tiempo avecina, el destino no incrimina.
Hay futuro donde viajas, hay vida mejor,
una familia que quizás encuentre,
una casa propia y descendencia que vitamina.

Pero si uno mira y ya lo tiene,
si uno valora el desprecio lo obligan a viajar.
El destino no incrimina pero miro hacia atrás
y allí es donde me quiero quedar.
Ahí esta el sueño, la vida y la muerte.
Fue hombre y no quería más que ser Labrador,
tan maduro y responsable,
tan entrañable y dignificante,
tan sumiso y silencioso.

Una temporada es una vida,
la única que nos dan y así se va.
Las cartas hablan de idiomas sin sentido,
de logros conseguidos que no llenan.
Pero por qué esta suerte del destino.

Ahora mira el tiempo desde atrás
y recuerda el sueño placentero.
Quién dispone la memoria.
Fue anciano y solo quería ser Labrador,
tan nostálgico y húmedo,
tan memorioso y curioso,
tan intacto y virgen.

Pero saca cuentas y la pierde,
anda lento por la vida
y le recuerdan la suerte conseguida.

Solo quería lo que otros contaminan,
lo que a otros avergüenza,
lo que pocos ya no sueñan.

Alguien le rasca el pecho
y no ve como lo hace
porque murió sin que le dejen ser Labrador.