Solo faltó la mirada,
esa que hace detener mi mundo
y sobraron las tonadas,
esas que hacían acelerar y menguar tu pulso ya dormido.
Siete segundos contó mi corazón
antes de apagarse por completo como una Noria mal herida.
La ciudad era el testigo mudo,
cómplice del delito y esos niños, ajenos a toda maldad,
observaban quién sabe si sabiendo la verdad.
Hay santos para todos los pecados,
hay mares para todos los naufragios,
y yo sin encontrar mi isla
y tú sin encontrar la salida.
Buscar lo invisible no siempre es lo más complejo,
aferrarse a lo intangible,
quizás, es siempre lo eterno.
Pero yo sin saciar mis penas,
y tú, tropezando en tus muros.
Si se pierde ya no importa,
hay veces que se piensa y se maldice
y otras solo se maldice.
Que vengan a decir que esto
no es estar muerto en vida
o más vivo que muerto.
Y aunque duela y oprima,
aunque te hunda y ahogue,
aunque te mueras y mates,
mañana escribiré otra poesía.
Si es que estoy más vivo que muerto
o muerto ya en vida,
le hablaré a los muertos más vivos.