te pedí que ya no me hagas caso
y te rogué por un momento,
el del fracaso,
esta noche decidimos por fin,
el fin,
de las cosas que nos distancian,
de las palabras que nos reclaman.
por qué sonríes a las manos inquietas,
a la mirada inexpresiva de la vida,
te quedas aquí,
no junto a mi,
contemplando la miseria
de las noches sin tristezas.
y cada vez más,
así vas,
de pequeña sin hablar.
y he gritado una vez,
quizás más,
en silencio al despertar,
esta miseria
de las noches sin tristezas
ya no logran asustar.