Trato con mi muerte I

Intratable,
como dice ser,
me despierto
más tarde
aunque ya no es tanto,
quizás
solo me levante
por una especie
de inercia absurda,
una reacción

por ahora física
contra la absorción de mis huesos.
Transpiro demasiado,
puede que mi muerte esté
durmiendo en el fondo del mar,
demasiada agua en mi nuca.
Tengo pensado visitar una farmacia,
creo.
Arrasé,
pienso, con el resto.
No hay calma a la libreta,
su espiral es tedioso,
incomoda a mis puños
pero es aquí donde pude comenzar.
En pocas horas
hice mucho más de lo que jamás pude.
Convencí en vano,
justifiqué modales,
tranquilicé comerciantes amigables
que custodian
mis noches luminosas.
La noche es y seguirá siendo generosa,
las bebidas
algo más, quizás menos,
como Salome con sus leones
que contemplan el zig zag.
Necesario,
frio circunstancial.
Sustancial,
mi muerte la espero
porque debe llegar.